Petro entregó hospital en la Alta Guajira y destacó reducción de la mortalidad infantil y materna
Este viernes, en medio de un despliegue protocolar digno de una telenovela, Gustavo Petro inauguró el nuevo Hospital de Nazareth en la Alta Guajira. Una inversión de 45.000 millones de pesos que, sumada al hospital de Manaure, totaliza la friolera de 90.000 millones para atender a más de 100.000 habitantes. El mandatario, con tono de vendedor de seguros, aseguró que esto es fruto del ‘modelo de salud preventiva’.
¿Cifras que salvan vidas o humo electoral?
Los números que Petro blandió como espada tienen un sabor a propaganda: mortalidad materna bajó 32% y, según él, con corte a la semana 21 de 2026 la reducción alcanza 57%. ¡2026, sí leyó bien! ¿Acaso el presidente tiene una máquina del tiempo o es solo un deseo escrito en el viento guajiro? Las defunciones infantiles pasaron de 487 (2022) a 276 (2025), un 43,3% menos. Y las muertes por desnutrición infantil cayeron de 96 a 33, un 65,6%.
El espejismo de las carpas
Lo que no dice el mandatario es que durante años la atención médica en Nazareth se prestó en carapas, como si fuera un campamento de refugiados. Esa realidad no la borran ni 45.000 millones. Mientras Petro celebra, los indígenas wayuu recuerdan que aún hay comunidades que recorren horas para llegar a un puesto de salud. ¿Dónde están esos equipos médicos permanentes que prometió? La Guajira sigue teniendo la tasa de desnutrición más alta del país, y las madres wayuu aún entierran a sus hijos en silencio.
El discurso del ‘niños ya no mueren como antes’
“La salud ha mejorado en La Guajira, los niños ya no mueren como antes y las mujeres también mueren mucho menos”, declaró Petro con la seguridad de quien sabe que las estadísticas son maleables. Pero los críticos señalan que la línea base de 2022 fue terriblemente alta, y cualquier mejora parece milagro. ¿Es realmente una transformación o solo una recuperación de un abismo? Los datos que presentó el presidente no tienen certificación independiente, y la Organización Wayuu ha denunciado que la mortalidad en comunidades alejadas sigue siendo un secreto a voces.
El precio de la esperanza
90.000 millones de pesos suenan a una fortuna, pero ¿cuánto de eso se fue en gastos de burocracia o en contratos a dedo? La Contraloría ya tiene la lupa puesta sobre las obras en La Guajira. Mientras tanto, el Hospital de Nazareth reemplaza las carpas, pero el sistema de salud preventiva que promete Petro sigue siendo un fantasma en las rancherías. La pregunta que nadie responde: ¿cuántos niños más tendrán que morir para que las cifras realmente reflejen la realidad?
El presidente se fue, la incertidumbre se queda
Petro abandonó la Alta Guajira con los reflectores apagados, pero la duda persiste. Los indicadores que mostró podrían ser ciertos, pero también podrían ser una trampa estadística. Lo que sí es cierto es que una infraestructura de cemento no salva vidas si no hay médicos, medicinas y agua potable. En La Guajira, la sequía y la injusticia son más viejas que cualquier hospital nuevo. Y mientras el presidente posa para las fotos, las madres siguen esperando que el próximo parto no sea una sentencia de muerte.
La entrega de estos hospitales es, sin duda, un paso. Pero en el camino de la salud en La Guajira, aún falta recorrer un desierto de promesas incumplidas. ¿Será este el principio del fin de la tragedia wayuu, o solo un capítulo más de la novela de las obras faraónicas que nunca llegan al pueblo?