Petro boicotea consulta y acusa fraude electoral en Colombia
Un presidente en guerra contra las urnas: ¿Protesta legítima o estrategia desesperada?
En un movimiento sin precedentes que sacude los cimientos de la democracia colombiana, el presidente Gustavo Petro anunció este martes que no participará en la consulta presidencial del 8 de marzo. Desde la Casa de Nariño, lanzó una andanada de acusaciones contra el sistema electoral, señalando presuntas irregularidades "gravísimas" en la exclusión de precandidatos y en el software de preconteo administrado por la misteriosa empresa Thomas and Greg and Sons. Este boicot presidencial, en pleno proceso de elecciones, abre un abismo de incertidumbre y pone en entredicho la transparencia de todo el aparato electoral.
Las sombras de una empresa fantasma y un software sospechoso
El corazón de la denuncia de Petro late en un nombre enigmático: Thomas and Greg and Sons. Según las investigaciones periodísticas y registros empresariales consultados, esta compañía, a la que el Consejo Nacional Electoral (CNE) y la Registraduría le habrían confiado el software de preconteo, es una entidad de opaca trayectoria. "¿Quiénes son Thomas and Greg?", clamó el mandatario. "¿Dónde están sus sedes? ¿Qué experiencia tienen en elecciones en Colombia o en el mundo? Estamos hablando de la posibilidad de que una empresa sin rostro maneje los datos más sensibles de la voluntad popular". Fuentes cercanas al gobierno señalan que la contratación se habría realizado bajo un manto de opacidad, sin los debidos procesos de licitación pública y con antecedentes de fallas técnicas en procesos anteriores.
La exclusión de candidatos: ¿Purgas políticas o simple burocracia?
El segundo frente de batalla abierto por Petro es la exclusión de varios precandidatos de distintas coaliciones, incluidos algunos de su propio partido, el Pacto Histórico. El presidente cuestiona con vehemencia los criterios utilizados por el CNE, sugiriendo que podrían obedecer a intereses políticos para debilitar ciertas corrientes. "No es casualidad quiénes quedan fuera. Se elimina a voces críticas, a alternativas que no convienen al establishment que quiere controlar el resultado desde antes de que la gente vote", afirmó en un tono desafiante. Esta situación ha generado un malestar palpable en varios sectores, que ven cómo la oferta electoral se reduce bajo argumentos legales que muchos tildan de arbitrarios.
La respuesta de las autoridades: Silencio y nerviosismo
Frente a las graves acusaciones, la reacción del Consejo Nacional Electoral y la Registraduría ha sido, hasta el momento, evasiva. No se han ofrecido explicaciones públicas y detalladas sobre la elección de Thomas and Greg and Sons, ni se ha dado una rueda de prensa para despejar las dudas. Este hermetismo solo alimenta las teorías y la desconfianza. ¿Qué tienen que ocultar? ¿Por qué no transparentan los contratos y las especificaciones técnicas del software? El silencio de las autoridades electorales resuena como un eco siniestro en medio de la crisis de credibilidad.
Un llamado a la abstención: ¿Acto de conciencia o sabotaje institucional?
La decisión personal de Petro de no votar es interpretada por sus aliados como un acto de coherencia y protesta legítima frente a un sistema viciado. Sin embargo, sus críticos lo ven como un acto irresponsable y un sabotaje a las instituciones, capaz de incentivar la abstención masiva y de invalidar el proceso desde su raíz. "Un presidente que le da la espalda a las urnas es un presidente que le está diciendo a los ciudadanos que no crea en la democracia que juró defender", señaló un analista político opositor bajo condición de anonimato. El gesto, sin duda, divide aguas y enciende un polvorín político semanas antes de la consulta.
Colombia al borde de una crisis electoral sin precedentes
El país se enfrenta ahora a una encrucijada histórica. Las elecciones del 8 de marzo se realizan bajo la nube de la deslegitimación, sembrada nada menos que por el primer mandatario. La confianza pública, pilar fundamental de cualquier democracia, está hecha añicos. Se exigen investigaciones urgentes, auditorías internacionales al software y una depuración total del proceso. Lo que está en juego no es el triunfo de un color político, sino la credibilidad misma del sistema. Colombia merece respuestas, no sombras. Y los ciudadanos, un voto que valga lo que pesa. La democracia colombiana está en la cuerda floja, y el presidente Petro, lejos de sujetarla, parece decidido a sacudirla.